Cada año, al celebrar a Santa María Eugenia de Jesús, nuestra comunidad educativa recuerda de dónde nace el espíritu que nos une y da sentido a lo que somos. Se trata de redescubrir a una mujer cuya vida sigue iluminando nuestro presente.
María Eugenia nació en Francia en 1817 y, desde muy joven, experimentó preguntas profundas, pérdidas y búsquedas interiores que marcaron su carácter. En medio de esa etapa decisiva tuvo un encuentro personal con Cristo que transformó su vida para siempre. Comprendió entonces que la existencia humana solo alcanza su plenitud cuando se vive como respuesta a una llamada, y que cada persona está en el mundo con una misión única.
Aquella intuición se convirtió en el motor de toda su vida. Supo leer su tiempo con lucidez —un siglo XIX lleno de cambios sociales, culturales y religiosos— y descubrió que uno de los grandes desafíos de la sociedad era la distancia creciente entre fe, cultura y vida. Su respuesta fue audaz y profética: apostar por la educación como camino de transformación del mundo.
Así nació la Congregación de las Religiosas de la Asunción, con un sueño claro y apasionante: formar personas capaces de pensar con profundidad, amar con generosidad y comprometerse con la sociedad desde dentro. Para María Eugenia educar era formar la inteligencia, el corazón y la voluntad para que cada persona pudiera descubrir quién es, qué está llamada a ser y cómo puede contribuir al bien de los demás.
Su mirada sobre el mundo era extraordinariamente positiva. Lejos de verlo como un lugar del que huir, lo contemplaba como un espacio donde Dios puede ser conocido, amado y servido a través de la vida cotidiana. Por eso quiso una congregación abierta, universal, misionera, capaz de dialogar con culturas distintas y responder a las necesidades reales de cada época. Hoy ese sueño se ha extendido por decenas de países y sigue vivo allí donde alguien educa con pasión, esperanza y sentido.
Nuestro colegio forma parte de esa historia. Nace del deseo y de la visión de una mujer que creyó profundamente en el poder transformador de la educación y que quiso espacios donde esa visión pudiera hacerse realidad. Cada aula, cada proyecto, cada relación educativa participa de ese legado.
Ser parte de la Asunción significa, por tanto, pertenecer a una tradición viva. Significa aprender a mirar la realidad con profundidad, a respetar la diversidad, a buscar la verdad, a crecer en interioridad y a comprometerse con la justicia, la paz y el bien común. Significa también formar parte de una comunidad que educa unida, y que cree sinceramente en el potencial de cada alumno.
Gogora nazazu
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