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«Esto es como la ONU, pero aquí hay más paz»

EDUCACIÓN CONCERTADA

En las aulas del colegio concertado de Donostia La Asunción estudian alumnos de 30 nacionalidades diferentes.

Javier Guillenea (Diarío Vasco)                                              Domingo, 25 septiembre 2022, 07:27

En los pasillos del colegio concertado La Asunción, en San Sebastián, hay carteles que anuncian lo que se esconde tras sus puertas. En uno de ellos pone, por ejemplo, 'Irakasle gela', y debajo se repite lo mismo en once idiomas, que parecen muchos pero no son todos. «En el colegio se hablan 17 idiomas», explica Nikole Iñarra, su directora.

El centro acoge a cerca de 500 alumnos, de los que casi el 17% son de familias inmigrantes. En sus aulas estudian niños de 30 nacionalidades diferentes. Es como la ONU, pero con una gran diferencia. «Aquí hay más paz y más convivencia», dicen sus profesores.

«La congregación de La Asunción está extendida en todo el mundo, su espíritu siempre ha sido el de estar abierto a todos», dice Iñarra. Si en un principio el centro donostiarra «se dedicó a la elite de San Sebastián», pronto cambió de orientación y emprendió un camino basado en cuatro valores resumidos en las siglas Jpics (Justicia, paz, integridad de la creación y solidaridad). «Desde hace varios años nos centramos en los migrantes. Lo de la integración no es algo nuevo, no es una moda, no es que de repente haya un perfil determinado del alumnado», sostiene la directora.

«Nosotros nos sentimos orgullosos del alumnado que tenemos y de acoger a familias vulnerables»

Inevitablemente surge la palabra 'gueto', un término que rechazan tajantemente los miembros del equipo directivo del centro que, junto a Nikole Iñarra, responden a las preguntas del periodista. «No se debe hablar de guetos porque no es verdad. Nosotros nos sentimos orgullosos del alumnado que tenemos y orgullosos de acoger a familias vulnerables», sostienen al unísono.

Al encuentro han acudido también dos antiguos alumnos, el ucranio Denis y el armenio Vahe, que hablan desde su propia experiencia. «Los niños ven esto de la integración desde un prisma diferente al de los adultos. Ellos no tienen prejuicios, les da igual de dónde sean sus compañeros», dice Denis. Como en tantas otras cosas, son los mayores lo que los complican todo con ideas preconcebidas sobre los de fuera y los de dentro. Para reforzar esta idea, Iñarra muestra un chiste de Mafalda que tiene guardado en su móvil. En él, su padre le pregunta si en su colegio hay extranjeros. Su hija le responde: 'No, en mi cole solo hay niños'.

«Tratamos a todos por igual, diferenciar entre migrantes o no es algo muy desagradable. Nosotros no hacemos esa distinción, para nosotros todos son alumnos», dicen los profesores. Pero saben que no todos son iguales. Algunos llegan cargados de problemas que hay que atender cuanto antes.

 

«Hay experiencias de niños que han sido huérfanos en vida. Sus padres han trabajado en otro país mientras sus hijos se quedan solos al cuidado de algún familiar y a los cinco años se vuelven a reunir». Este reencuentro, en un país ajeno, con unos padres a los que ya casi no reconocen, supone para los hijos un trago difícil de asimilar. «Para ellos es empezar de cero. Vienen niños con mucha carga que cogen mucho cariño a su tutor», dice Iñarra.

«Intentamos evitar que la palabra emigrante se iguale a pobreza y a carga. Eso es algo que aquí no lo vivimos y mucho menos los alumnos», afirma Iñarra. «La diversidad cultural ayuda a educar a los niños en valores», dice un profesor. «Más que integración, la palabra es internacionalización», asegura otro. Y a modo de resumen, todos coinciden en una misma idea cuando se refieren a colegios con pocos migrantes en las aulas. «Ellos se lo están perdiendo», recalcan.